Las normas de seguridad de los alimentos, ¿en un punto muerto?

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El TTIP se votó a principios de 2013 con el objetivo de relanzar el intercambio de bienes, servicios e inversiones entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Pero este acuerdo comercial ha abierto un debate en cuestión de normativa.

El objetivo inicial del acuerdo era forjar una nueva referencia de modo que donde el nivel de protección es similar, se defina el mutuo reconocimiento: la autorización en la UE, valdría en EE UU, y viceversa. Y allí donde las posiciones sean distintas, ir a una regulación cada vez más semejante, con la idea de reducir las trabas al comercio.

Pero según un análisis realizado por el Instituto Estadounidense de Política Agrícola y Comercial (IATP) el controvertido acuerdo comercial entre la UE y los EE.UU. podría dar un mayor poder a las compañías multinacionales para desafiar las leyes relacionadas con la seguridad de los alimentos que afectan a su cuenta de resultados.

Los autores sostienen que en cada aspecto que analizaron – desde el clima y el medio ambiente a la modificación genética y la seguridad alimentaria- los consumidores en Europa y en EE.UU. «están interesados en la existencia de regulaciones más duras y más eficaces».

El estudio compara también el modelo de seguridad alimentaria de la UE, centralizado y liderado por la EFSA, con el modelo americano, en el que participan más de 15 entidades de los EE.UU.

Una de las mayores reticencias acerca del acuerdo, es que abrirá una puerta al comercio trasatlántico, inundando el mercado con alimentos que han sido producidos bajo estándares de calidad ambiental, ética y de seguridad menos estrictos.

De todos modos, hay que tener en cuenta que a pesar de que el nivel de las regulaciones de alimentos en los Estados Unidos a menudo se considera menos exigente que en la UE, ese no es siempre el caso – el uso de antibióticos en la cría de animales es un ejemplo de ello.

Otra de las principales preocupaciones para las empresas alimentarias de la UE es que a pesar de que, técnicamente, el acuerdo TTIP no cambiaría las normas alimentarias de la UE, podría permitir que los consumidores compren (probablemente a menor coste) alimentos no permitidos según la normativa de la UE.

De todos modos, el TTIP «no va a derogar ni modificar la legislación de la UE». Los Estados Miembro de la UE y el Parlamento Europeo «no aprobarían ningún cambio a las leyes o reglamentos de la UE con el fin de liberalizar el comercio».

Pero no todo son reticencias, «La UE quiere el TTIP para ofrecer protección para las empresas de la UE cuando invierten en el extranjero”.

Además, el nuevo marco comercial sería una fuente de crecimiento y empleo para los dos grandes bloques económicos mundiales.

Fuente: www.foodqualitynews.com y elpais.com

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