La seguridad alimentaria mejora, pero queda camino

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Estados Unidos ha puesto en marcha una nueva ley de seguridad alimentaria que da mayores competencias inspectoras a la agencia de control, la Food and Drug Administration (FDA) y somete a los productos importados a nuevas exigencias.

Michael R. Taylor, comisionado adjunto de la Agencia de Seguridad Alimentaria de EE.UU

Estados Unidos ha puesto en marcha una nueva ley de seguridad alimentaria que da mayores competencias inspectoras a la agencia de control, la Food and Drug Administration (FDA) y somete a los productos importados a nuevas exigencias. No en vano, la población recela de lo que come y la reciente realidad ha dado más motivos para ello. El comisionado adjunto de la FDA, Michael R. Taylor analiza la situación y explica su proyecto. 

Carne de caballo en vez de ternera, bacterias en los pasteles. Son dos ejemplos recientes que redundan en el debate de la seguridad alimentaria en un mundo globalizado, en la desconfianza que siente el consumidor.

La seguridad siempre es un término relativo pero si hacemos un análisis comparativo, hoy en día hay mucha más seguridad alimentaria que hace 10, 20 años. Hay mejores herramientas para saber dónde están los problemas, tenemos sistemas de vigilancia para detectar las enfermedades transmitidas por los alimentos. Pero aún hay retos y es verdad que tenemos más gente de lo que sería lógico que enferme por este motivo. 

La FDA cifraba en el 2011, cuando se debatía en EE.UU. la nueva ley de modernización de la inocuidad de los alimentos, en cien mil estadounidenses los hospitalizados cada año por problemas de esta índole.

Esto es lo que tenemos que resolver y lo que en Estados Unidos nos hemos propuesto con esta estrategia basada en la prevención. Una prevención que considera el sistema alimentario en su totalidad, desde que empieza el proceso hasta que llega al consumidor para que todo el mundo en la cadena sea responsable y cumpla con su obligación.

Complicado en un mercado global seguir los pasos de la cadena.

Nosotros importamos mucha comida y queremos aplicar también estos criterios a todos los productos que entran en el país. Nuestros consumidores dudan de la comida que llega importada. 

¿Hay motivos?

Es verdad que en los últimos años muchos gobiernos están poniendo el foco en la seguridad alimentaria. En los países desarrollados ir a comprar al supermercado tiene hoy un riesgo bajísimo. Hace veinte años tuvimos un grave problema por la presencia de E.coli en la carne de ternera de una cadena de restaurantes, murieron cuatro niños, hubo más de 600 enfermos. Por ello hemos puesto el acento en la prevención y en una mirada integral y global. Todo es cada vez más seguro pero tenemos un largo camino a realizar para prevenir las enfermedades transmitidas por los alimentos.

Está haciendo hincapié en la contaminación microbiológica con su impacto inmediato. Pero el consumidor también está preocupado por los efectos a largo plazo de los aditivos químicos, los productos que se suministran a los animales, los pesticidas…

Es evidente que han de estar y están regulados, y que también es un tema complicado. Utilizamos lo mejor que tenemos de la ciencia pero la seguridad alimentaria es un área en la que hay que seguir investigando siempre. Creo que los sistemas regulatorios son en estos momentos bastante sólidos. 

Los sistemas de control son caros.

Se necesita inversión pero es mucho peor que el cliente pierda confianza en la marca. El control es bueno para el negocio aunque quizás para las industrias pequeñas es más difícil. 

Usted que es un experto, ¿Qué mira cuándo compra un producto?

Miro las calorías.

¿Y nada más?

El sodio, no quiero tener hipertensión. Una de las cosas que estamos trabajando es en mejor el etiquetado. Se deben ver bien las calorías, las grasas malas, la sal.

¿Lo acepta, la industria alimentaria?

Los consumidores quieren ésta información y en Estados Unidos se ha discutido mucho si se debe poner este etiquetado en la parte central del empaquetado. La industria está iniciando ahora un esfuerzo voluntario para ponerlo de forma visible. Ahora es voluntario y evaluaremos el impacto de esta iniciativa por si hay que tomar decisiones desde el gobierno.

Muchos ciudadanos están optando por los productos ecológicos, ¿recomienda esta opción?

Desde el punto de vista de la seguridad alimentaria no hay motivo para pensar que la comida ecológica es más segura. En temas de contaminación microbiológica, lo principal es la higiene y no hay diferencias. Si el consumidor está preocupado por ejemplo por los pesticidas, si cree que no están lo suficientemente regulados, entonces es evidente que la opción es la ecológica. Pero yo creo que sí que lo están. Es una elección. 

No es fácil adquirir los conocimientos necesarios para elegir. ¿Usted compra comida ecológica?
No es la parte central de mi dieta, pero a veces sí que voy a los mercados ecológicos de proximidad. También es verdad que sabe mejor el producto local.

Fuente: La Vanguardia

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