¿El ayuno intermitente, una nueva moda?

Dieta intermitente

Las fasting-diet, dietas que consisten en ayunar de forma intermitente, se han popularizado a raíz de los testimonios de algunas personalidades del mundo empresarial, la moda y/o el cine.

Los seguidores de estas dietas aseguran que les ayuda a lidiar con la ansiedad, a tener mejor enfoque y a generar más energía.

Pero estas dietas no consisten únicamente en cambiar los hábitos alimentarios si no que el objetivo último es modificar el metabolismo del individuo.

Existen estudios que sostienen que las dietas de ayuno intermitente tienen beneficios extra a la pérdida de peso como la disminución del riesgo de padecer ataques cardiovasculares o diabetes y la potenciación de la actividad cerebral. Pero los expertos aseguran que este tipo de dieta no tiene ningún fundamento científico, y además, no se conocen los efectos a largo plazo.

Una de las dietas de este tipo más conocida es la dieta 5:2, que consiste en hacer ayuno dos días a la semana, mientras que los otros cinco se puede comer con total libertad.

Los médicos y expertos la desaconsejan, puesto que se basa en compensar los dos días de ayuno, en los que únicamente se ingiere un 25% de la ingesta recomendada por la OMS, con todos aquellos alimentos procesados o de alto valor calórico que se ingieren el resto de los días de la semana. Un hábito nada sano, ya que lo más beneficioso sería controlar lo que se ingiere día tras día para que no sea necesario someter al organismo al hambre fisiológico para posteriormente compensar.

Esta dieta puede llegar a ser peligrosa debido a la facilidad para seguirla. Cualquiera puede sumarse a este tipo de dieta, sin ningún control y con, relativamente, poco esfuerzo.

Como toda dieta milagro tiene un efecto rebote importante: el cuerpo impulsa mecanismos para disminuir el gasto que pueden llegar a mantenerse durante un año, así que, al recuperar la normalidad de la dieta, el cuerpo almacenará grasa para prevenir y obtener energía en caso de que el ayuno se vuelva a repetir.

Además, se suelen producir problemas para dormir, mal aliento, estreñimiento, dolor de espalda, somnolencia diurna, ansiedad, deshidratación e irritabilidad.

Otro inconveniente es que la ingesta es mayoritariamente proteica, lo que incrementa el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares a largo plazo y esto induce a llevar al organismo a un estado de cetogénesis, condición nada beneficiosa para el organismo, donde se generan cuerpos cetónicos que suministran energía en situaciones de deficiencia de hidratos de carbono. Esto favorece la degradación de la grasa para producir la energía que el cuerpo necesita, lo que efectivamente produce una pérdida de peso, pero a través de una vía poco saludable, ya que se lleva al metabolismo una situación patológica.

Actualmente, la utilizan deportistas de elite, a los que se suministran las calorías necesarias a través de alimentos saludables y, a su vez, se está estudiado su efecto en personas de 55 a 70 años con predisposición a la diabetes o al Alzheimer, ya que algunos estudios sugieren que puede tener aplicaciones encaradas a combatir los altos niveles de azúcar en sangre o retrasar el Alzheimer, pero siempre en condiciones controladas, contrariamente a lo que se difunde con este tipo de dieta.

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Fuentes: El País, The Guardian, bbc, Huffingtonpost

Foto: FitDay

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